Inclusión social: Historia de vida de Pío
Por Roberto Rignola
Con su canasta de mimbre llena de
pan casero, bizcochitos y alfajorcitos de maicena, sube al colectivo para
vender todos los días. Su nombre es Gabriel Pío Kraneviter de 42 años, de
Moreno, Provincia de Buenos Aires. Los
productos que vende son hechos en el emprendimiento de panadería de la
Asociación Civil Ocupas, del Barrio Cuatro Vientos de Moreno. Dicha institución
que él pertenece, atiende a personas mayores de 16 años con discapacidad mental
leve.
Pío ingresó a la institución en
el año 2007, después de su accidente con la moto, sufrió múltiples quebraduras,
la más importante la del cráneo, que debieron colocarle una válvula en su
cabeza. Estando internado se contagió una bacteria inter hospitalaria que casi
le causa la muerte, estuvo en “coma” casi tres meses. Debido a la medicación que debe tomar perdió la visión completa de un ojo y del
otro la mitad.
Cuando sale con la canasta llena, si es muy pesada, lo tienen que ayudar acompañándolo, más que nada para soportar el equilibrio, que lo pierde por momentos, pero si no es mucho el peso, él sale solo a vender. Por la mañana temprano va primero a los negocios que le compran, algunos para revender, otros para su propio consumo. Luego vuelve a la panadería de Ocupas a buscar más mercadería para salir nuevamente, pero esta vez sube a los colectivos a realizar la venta ambulante, va hasta Moreno y vuelve en todos los colectivos que pueda subir, así hasta vaciar su canasta.
Pío antes de su accidente tenía
esposa e hija, su casa, su trabajo en su propia carnicería, pero al recuperarse
de su internación se encontró solo. Volvió al hogar de sus padres quienes le
ayudaron con su terapia de recuperación; una amiga le comentó que conocía un
lugar que le podría ayudar mucho, y es así como Pío conoce la A. C. Ocupas. Al
principio le costó un poco ir adaptándose a lo nuevo, pero en la institución lo
fueron acompañando en su rehabilitación; le costaba hablar y caminar, se quedaba
sentado casi todo el tiempo, sus recuerdos no eran claros, su memoria fallaba.
Con el tiempo fue mejorando, la medicación es continua.
El hablar le cuesta menos, dice
Pío, porque le disminuyeron la medicación, hace 10 años que se encuentra con
tratamiento, y siente que por fin la mejora llega a su vida. Él está contento,
dispuesto a enfrentar la vida, sale todos los días con su canasta a vender los
productos que elaboran sus compañeros, recorre calles y avenidas vendiendo
bizcochitos y pan casero. De regreso a Ocupas, se reúne con sus compañeros y
comparten el resto del día. Realiza distintas actividades de recreación,
alfabetización y aprendizaje de artesanías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario