lunes, 10 de octubre de 2016

Perfil de un personaje



Inclusión social: Historia de vida de Pío

Por Roberto Rignola

Con su canasta de mimbre llena de pan casero, bizcochitos y alfajorcitos de maicena, sube al colectivo para vender todos los días. Su nombre es Gabriel Pío Kraneviter de 42 años, de Moreno,  Provincia de Buenos Aires. Los productos que vende son hechos en el emprendimiento de panadería de la Asociación Civil Ocupas, del Barrio Cuatro Vientos de Moreno. Dicha institución que él pertenece, atiende a personas mayores de 16 años con discapacidad mental leve.

Pío ingresó a la institución en el año 2007, después de su accidente con la moto, sufrió múltiples quebraduras, la más importante la del cráneo, que debieron colocarle una válvula en su cabeza. Estando internado se contagió una bacteria inter hospitalaria que casi le causa la muerte, estuvo en “coma” casi tres meses.  Debido a la medicación que debe tomar  perdió la visión completa de un ojo y del otro la mitad. 

Cuando sale con la canasta llena, si es muy pesada, lo tienen que ayudar acompañándolo, más que nada para soportar el equilibrio, que lo pierde por momentos, pero si no es mucho el peso, él sale solo a vender. Por la mañana temprano va primero a los negocios que le compran, algunos para revender, otros para su propio consumo. Luego vuelve a la panadería de Ocupas a buscar más mercadería para salir nuevamente, pero esta vez sube a los colectivos a realizar la venta ambulante, va hasta Moreno y vuelve en todos los colectivos que pueda subir, así hasta vaciar su canasta.

Pío antes de su accidente tenía esposa e hija, su casa, su trabajo en su propia carnicería, pero al recuperarse de su internación se encontró solo. Volvió al hogar de sus padres quienes le ayudaron con su terapia de recuperación; una amiga le comentó que conocía un lugar que le podría ayudar mucho, y es así como Pío conoce la A. C. Ocupas. Al principio le costó un poco ir adaptándose a lo nuevo, pero en la institución lo fueron acompañando en su rehabilitación; le costaba hablar y caminar, se quedaba sentado casi todo el tiempo, sus recuerdos no eran claros, su memoria fallaba. Con el tiempo fue mejorando, la medicación es continua.

Hoy puede desarrollar una tarea como la de vendedor del emprendimiento de panadería, sus compañeros que se dedican a la elaboración tienen historias similares, todos pertenecen a Ocupas. Pío se siente orgulloso de lo que hace, porque sabe lo que le pasó y que pudo salir, “por supuesto no todos pueden, no todos tienen la misma suerte” dice Pío. 

El hablar le cuesta menos, dice Pío, porque le disminuyeron la medicación, hace 10 años que se encuentra con tratamiento, y siente que por fin la mejora llega a su vida. Él está contento, dispuesto a enfrentar la vida, sale todos los días con su canasta a vender los productos que elaboran sus compañeros, recorre calles y avenidas vendiendo bizcochitos y pan casero. De regreso a Ocupas, se reúne con sus compañeros y comparten el resto del día. Realiza distintas actividades de recreación, alfabetización y aprendizaje de artesanías. 


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